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martes, 25 de agosto de 2015

Lectura recomendada: Crisis de identidad (Identity Crisis. Brad Metzer, Rags Morales, 2004. DC Comics)



Cuando uno se aproxima a un evento de DC con la palabra Crisis en su título, resulta casi inevitable pensar en Multiversos, amenazas cósmicas, y un casi interminable desfile de personajes de la editorial. Afortunadamente, en el caso que nos ocupa, nada más lejos de a realidad. Y digo afortunadamente, no porque sienta ningún tipo de animadversión hacia esas otras Crisis, sino porque esta terrenal y, sobre todo, visceral Crisis de Identidad, es para mi una de las grandes obras maestras de la Era Moderna de cómic americano. Una historia que, con pequeños ajustes, podría perfectamente ser extrapolada del mundo de los superhéroes sin perder un ápice de fuerza, pero que tampoco pierde un ápice de credibilidad por la presencia de éstos.

Todo arranca con el misterioso asesinato de Sue Dibny, la esposa del Hombre elástico, Ralph Dibny. A raíz de este acontecimiento, y principalmente a través de los ojos de Green Arrow, se destapará un suceso del pasado de la JLA que removerá los cimientos de su propia esencia, y que afectará profundamente a las convicciones de varios personajes. De los implicados en aquel suceso, algunos como Barry Allen o Hal Jordan ya no están, aunque sí sus sucesores, siendo Wally West la parte más interesada. Otros siguen en activo, y miembros o no de la Liga, viven con las consecuencias de lo que hicieron.

Aún así, no creáis que la historia se limita a señalar con el dedo a un pequeño grupo de héroes. Nadie en esta historia sale con las manos completamente limpias, ni completamente sucias. Más allá de las dudas que ya puede generar el suceso en si, tampoco los mejores del mundo quedan completamente fuera del cuadro. Y lo refleja perfectamente a través las palabras del propio Oliver Queen, Superman oye lo que quiere oír. Batman sabe lo que quiere saber.

Esta trama se entrecruza con las amenazas a otros seres queridos de los héroes, y la propia investigación del asesinato con una narrativa solvente y por momentos sobrecogedora. La conmovedora historia de amor entre Ralph y Sue (que nos acompañará hasta su breve pero efectivo epílogo), ver al propio Ralph incapaz de mantener su forma corpórea por el dolor de la pérdida, la impotencia de Batman en un momento crucial para la vida de Tim... Son solo algunos de los momentos de esta historia que se clavan en la memoria, independientemente de sus consecuencias más allá de ella.

Porque otro de los puntos fuertes de Crisis de Identidad es que puede vivir como un ente propio. Obviamente tiene antecedentes (Teen Titans...), tie-ins, siendo quizás los más relevantes los que atañen a Flash, y consecuencias. Muchas consecuencias, en especial para Batman y Robin (o la aparición de una nueva Manhunter, de la que quizás os hablaré otro día). Pero independientemente de su encaje en continuidad, puede ser leída y disfrutada plenamente sin necesidad de pasar por otras colecciones, que tienen a su vez sus propias tramas en marcha. Y eso es algo que se agradece, y mucho, en una época marcada por la necesidad de dar impuso comercial a cualquier cosa que se pueda relacionar con una obra de este calibre. Todos los antecedentes importantes son referenciados de manera clara y concisa como para que cualquier lector con un mínimo de familiaridad con los personajes pueda saborearla al máximo. Tampoco los que posean un amplio conocimiento, incluso de la continuidad en Eras anteriores, encontrarán en ella ninguna contradicción mayúscula. Detalles relativamente menores, como la solitaria presencia de Sue en la base de la Liga tienen un origen canónico y documentado.

En cuanto al dibujo, solo os puedo ofrecer mi visión de consumidor no cualificado, así que no entraré detalles que van más allá de mi conocimiento. Lo que sí puedo deciros es que esta historia exigía a Morales que fuera capaz de captar y transmitir las emociones de sus protagonistas. Muchas, muy variadas, y muy frecuentes. Y creo que en ese apartado, el más importante, cumple con creces. También sabemos que debido a la inclusión de muchos personajes poco importantes, o apenas vistos en mucho tiempo, Morales tuvo que documentarse de manera bastante exhaustiva, consiguiendo dotarlos de una personalidad propia y distinguible.

Para finalizar, comentaros que existen actualmente dos ediciones de este cómic en España, una en 3 grapas y otra en un solo tomo, ambas de Planeta y descatalogadas, pero que se pueden encontrar en el mercado de segunda mano sin demasiadas dificultades. También es más que probable que ECC reedite esta saga en breve, tal y como hemos confirmado en la sección de consultas de su propia web, pero todavía no hay un anuncio oficial ni fechas.
Existe también un tomo llamado Crisis de identidad: Prólogo, que es en realidad una recopilación de las historias de Justice League of America #122 y #166 a #168 de los años 70, que aunque sí guardan cierta relación con ella, es más bien circunstancial, y un gancho comercial. No me malinterpretéis, son buenos cómics de la JLA en su contexto, y una buena oportunidad para aproximarse al trabajo de un no tan conocido Dick Dillin, pero en ningún caso un Prólogo que os vaya a aportar algún valor añadido de cara a la lectura que nos ocupa.

Volvemos muy pronto con una nueva entrega de nuestro fanfiction. Entretanto, espero que disfrutéis de una lectura de más quilates, como sin duda lo es esta recomendación.
¡Saludos a tod@s!

jueves, 20 de agosto de 2015

The Railway Man ("Un largo viaje". Jonathan Teplitzky, 2013): Tan conmovedora en el fondo como poco arriesgada en la forma.


The Railway Man es la tercera película, y la única de cierto renombre, del director australiano Jonathan Teplitzky, basada en la autobiografía homónima de Eric Lomax. Una historia que ya fue adaptada para la televisión por la BBC en 1995 bajo el título Prisoners of Time, con John Hurt en el papel de Lomax.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la conquista de Singapur por parte de los japoneses, los prisioneros aliados son forzados a trabajar en la construcción del ferrocarril Tailandia-Burma, una empresa de proporciones inhumanas, para la que según la propia película, se requería un ejército de esclavos. A raíz de dos actos clandestinos, pero más bien inocentes, uno relacionado con la moral de los prisioneros, y otro con su propia devoción por los trenes, Eric Lomax es acusado de conspirar contra sus captores, siendo apartado del grupo (donde hasta ese momento, como ingeniero, tenía ciertos privilegios), humillado, y torturado repetidamente. Años después, todavía arrastrando graves secuelas psicológicas, localiza a uno de sus captores al que creía muerto, y emprende el viaje para confrontarlo.

La cinta arranca con el primer encuentro entre Lomax y la que sería su segunda (y definitiva) esposa, Patti. Una escena que condensa con bastante acierto la fascinación de su protagonista hacia los trenes, así como hacia la mujer que le acompañaría durante el resto de sus días. Aun siendo una narración serena y con tendencia a la elipsis y la omisión de detalles importantes sobre la vida de sus personajes (nunca sabemos cómo se ganaba la vida Eric Lomax, ni tampoco nada de sus hijos o los de Patti), tampoco deja que perdamos el hilo, y sienta unas bases lo suficientemente sólidas como para entender sus comportamientos a lo largo del desarrollo de la historia.

Pero es cuando tiene que contarnos lo sucedido en aquellos campos de prisioneros y el calvario personal de Lomax, donde la película no arriesga y se convierte en un relato relativamente convencional, un conglomerado de cosas que ya hemos visto, un infierno del que se habla mucho más de lo que se nos muestra, y la referencia constante a una habitación que, finalmente, quizás no tiene tanto protagonismo como todo parecía indicar. Se produce así una marcada descompensación entre las dos líneas temporales, que hace perder enteros al conjunto.

Porque mientras el pasado tiene un cierto tufillo a telefilme, quizás no en lo técnico pero sí en lo narrativo,  y sin que tampoco ninguna actuación sobresalga especialmente, en el presente Colin Firth se come la pantalla, sin excesos ni histrionismos. Y es que junto al componente humano de la historia en que se basa, Firth es el indudable e infalible motor de esta película. Una actuación que por momentos no tiene nada que envidiar a su premiado Discurso del Rey, aunque en el tramo final pierda algo de fuerza, también en pos de que Hiroyuki Sanada pueda tener protagonismo en una historia que casi con total seguridad, reclamaba algo más de metraje para él, y algo menos para Kidman.

Si bien es correcta en casi todos sus aspectos, e incluso superior a la media en algunos de ellos, The Railway Man puede no ser un visionado imprescindible. Pero sí lo es la historia de Lomax y Nagase, un relato de pérdida, venganza, culpa y redención que no debería dejar indiferente a nadie. Bien vale la pena gastar dos horitas en conocerla. Porque muchos son los títulos que nos hablan de lo que la guerra puede hacer a los hombres; pero no tantos los que nos hablan de qué pueden hacer los hombres tras ello. Para quien tenga ganas de más, siempre quedará el libro. A quien no le diga nada, más allá de las limitaciones expuestas, tal vez debería revisarse el corazón. O el alma.


lunes, 10 de agosto de 2015

Ex machina (Alex Garland, 2015): ¿Sueñan los Nerds con Alicias Vikander eléctricas?


Después de dos novelas adaptadas con un resultado dispar (La Playa y Tesseract) y cuatro guiones más o menos exitosos, de los que, como mínimo, podemos decir que ninguno es un completo desastre (28 días después, Sunshine, Nunca me abandones y Dredd), el británico Alex Garland debuta tras las cámaras con uno de esos proyectos que inesperadamente acaba asomando la cabeza en salas comerciales a nivel internacional.

Porque en apariencia, Ex Machina es una película pequeña en un envoltorio pequeño, con pocos actores, pocos escenarios, relativamente poca innovación, y de seguro, poca promoción. Y pese a todo, ha conseguido convertir sus 15 millones de presupuesto en 36 millones de recaudación, pudiendo ser considerada a efectos de porcentaje, un éxito comercial. No perdamos de vista que, pese a las mareantes cifras de los grandes estudios, generar cuanto menos (aplicando la generalista fórmula del doble del presupuesto) 6 millones de beneficio neto tras unos dos años de trabajo, es algo que todos firmaríamos con los ojos cerrados. Y todo ello compartiendo cartel con los todopoderosos Vengadores...

Y decía lo de relativamente poca innovación porque, de entrada, ninguna de las premisas de Ex Machina parece especialmente fresca, evocando desde el clásico Frankenstein hasta la reciente Her, pasando por Blade Runner e incluso Weird Science. Y puede que ninguna de las reflexiones que plantea sean originales por si mismas de manera aislada. Pero quizás el conjunto de todo ello sí que lo sea. Porque dependiendo del espectador, nos invita a reflexionar sobre el ego, o la inseguridad, incluso centrada en el género masculino, si consideramos, y así lo interpreto, que ninguna elección de género es casual en esta cinta. Uno puede ver una metáfora de la misma evolución humana, o una vuelta de tuerca al concepto de matar a Dios para convertirse en Dios (siempre hablando desde un punto de vista antropológico, nunca teólogico, del que huye acertadamente).

Pero aún así, no es un visionado fácil de recomendar. Estructuralmente se centra en la exposición, algo que personalmente no me supone un problema, pero que podría aburrir a quien se aproxime a ella con una expectativa diferente. Presenta un único conflicto argumental (que no intelectual), aunque eso sí, latente a través de una gran atmósfera durante los dos primeros actos, y un desenlace con un giro que tal vez muchos calificarán de previsible. Valiente afirmación a toro pasado, cuando realmente, llegado el momento previo a la resolución, apenas quedan dos alternativas posibles.
Tampoco me atrevo a recomendarla en función de una agrupación del espectador por gustos, ya que podría decepcionar a quien espere grandes dosis de tecnología o ciencia-ficción, conceptos que están ahí únicamente como vehículo.

La única manera de enfocar esta recomendación es en función de la sensibilidad particular del espectador. Ex Machina no habla de Inteligencia Artificial, sino de la humana y de un reflejo muy concreto y condicionado en un organismo cibernético. No necesita fundamentar su solidez en un giro de guión que, por novedoso y sorprendente, acabe eclipsando un desarrollo vacío, como hiciera en su día Shyamalan con El sexto sentido (si alguien se toma la molestia de revisionarla con un mínimo de espíritu crítico). Más bien al contrario, lo que pueda perder en efecto sorpresa, lo gana dotando de un mayor sentido todo lo expuesto con anterioridad. Claro está, siempre que como digo, el espectador se haya dejado seducir por esa exposición.

Sin duda el resultado final se podría haber beneficiado de algo de metraje adicional (tampoco demasiado) que fundamentara algo más algunas escenas, o de la reescritura de alguna parte concreta, o de la visión de un realizador más experimentado. Pero en opinión de quien os habla, eso no desmerece un esfuerzo más que digno, incluso notable.

Porque independientemente del poso (algo muy personal) que os pueda dejar o no su visionado, hay ciertas cosas que nadie puede negar de manera objetiva. En primer lugar, sitúa de manera incontestable a Alicia Vikander en el mapa, como uno de los talentos jóvenes a seguir muy de cerca en los próximos años. Y aunque su actuación serena y su presencia angelical puede para algunos eclipsar todo lo demás, yo no iría tan lejos como para decir que se roba la película.



Porque, como si de un paralelismo con su propio desarrollo se tratase, todos los actores cumplen su papel, pero me gustaría mencionar especialmente a Oscar Isaac, sobre quien recae la responsabilidad de generar gran parte de la atmósfera de la película durante al menos tres cuartas partes de su metraje. Sea de manera presencial o implícita, pero sustentada en los matices de sus minutos en pantalla. Un actor con multitud de registros que merece un espaldarazo comercial más pronto que tarde, y que por desgracia, no apunta que vaya a conseguir con X-Men: Apocalypse, que ya le ha puesto en el ojo del huracán por un trabajo bastante desafortunado en lo que a caracterización se refiere. Aún así, no será la primera víctima de las caracterizaciones de Bryan Singer, territorio que ya ha pisado algún grandísimo actor como Ian McKellen. Desde aquí, la mejor de las suertes Oscar.

-¿Apocalypse? Qué bien, eh?
-Cállate Weasley...
Así pues, la conclusión general es que la suma de conceptos y situaciones vistos con anterioridad, sí pueden dar lugar a un producto que al menos se sienta como algo fresco. Si sóis de los que no tenéis problema con lo enumerado, os invito a darle al menos una oportunidad a esta propuesta, a la que, aunque no acostumbro a dar notas numéricas, voy a puntuar con un 7 (sólido).

Ya sabéis, si no estáis de acuerdo con lo expuesto, si queréis acordaros de mí por la recomendación (en cualquiera de los dos sentidos), o compartir cualquier otra cosa conmigo, podéis hacerlo a través de la sección de Comentarios, o de las redes sociales enlazadas en el blog.
¡Saludos a tod@s!


viernes, 7 de agosto de 2015

Léon. El profesional (Luc Besson, 1994): Benditas lentejas.


En 1994 el hiperactivo Luc Besson nos dejaba la que probablemente, a excepción hecha si se quiere de El quinto elemento (no así para quien os habla), sea su mejor película como director. Uno de los ejemplos más claros que se me ocurren de lo que podríamos considerar como una fan favorite, ya que si bien la recepción crítica de la película fue en muy pocos casos negativa, existe una importante diferencia entre esas valoraciones críticas mezcladas, rondando el 6,5 de media, y el notable alto que recibe por parte del público en webs como imdb, rotten tomatoes o filmaffinity, superando cómodamente el 8.

Como a estas alturas la mayoría ya sabréis, Léon El Profesional se centra en la relación entre el propio Léon, un asesino a sueldo, y Mathilda, una niña de 12 años que busca venganza por el asesinato de su família, a la que, pese a sus dudas, acaba aceptando como aprendiz. Esta viene a ser la sinopsis oficial de la pelicula, aunque lo más fiel a la verdad, sin entrar en grandes spoilers, sería decir que busca venganza por el asesinato de su hermano.

Con esta premisa, 110 minutos por delante, y el hombre detrás de Taken o Transporter a los mandos, uno podría pensar que nos encontramos a las puertas de un viaje cargado de acción, ritmo y violencia. Y en cuanto arranca la cinta, la primera escena parece ratificar esa expectativa. Nada más lejos de la realidad, pues a partir de ese momento y hasta su magnífica escena final (donde la película echa el resto), las escenas de acción se van viendo dosificadas, y cada vez más eclipsadas por el verdadero motor de la película, Léon y Mathilda. Mathilda y Léon.

Con esto no quiero no decir que la película sea un estudio de personajes, una reflexión sobre la naturaleza humana y la complejidad de sus relaciones. En absoluto. Sí que podemos encontrar algún que otro diálogo que cava más profundo, pero la mayoría del tiempo, los roles de niño y adulto se irán intercambiando y entrelazando hasta el punto de hacernos llegar a creer una situación tan rocambolesca en apariencia. No son personajes complejos y oscuros, y creo que ahí reside la magia de la película, en la pureza que ambos irradian de manera natural en un marco de crimen, drogas, muerte y violencia. A título pesonal, me parece algo muy meritorio y difícil de conseguir cuando otras historias con una premisa similar (Kick Ass, God bless America) normalmente son abordadas desde la parodia y la sátira.

Hablando de Kick Ass, uno no puede evitar ver algo de Léon y Mathilda en Big Daddy y Hit-Girl (siempre mezclado con la deconstrucción de Batman y Robin). Especialmente entre Mathilda y Hit-Girl. Desde la peluca de Hit-Girl, hasta un plano que prácticamente comparten ambas películas.




Tampoco es una historia rica en personajes. ya que aparte de su pareja protagonista, solo asoman la cabeza Danny Aiello como Tony, un personaje cuya principal función es en realidad dar matices al personaje de Léon (sobre todo una vez madurada la película), y Gary Oldman como Stansfield, nuestro villano.
Respecto a Oldman, algunos le acusan en esta ocasión (y algunos en muchas otras) de sobreactuado. Debo decir que no comparto lo más mínimo esa visión. Creo que hay que diferenciar entre sobreactuar, e interpretar a un personaje extremo; Stansfield es drogadicto, violento e inestable, un villano con muy pocos minutos en pantalla, que requería un actor sin miedo, capaz de desmelenarse y entregarse a un papel, probablemente el peor escrito de toda la película, que en manos de cualquier otro bien podría haber condenado la película al fracaso.

¿Una escena cagando dices? No hay problema, soy el puto Gary Oldman!
Y digo el peor escrito porque es en lo que le rodea donde vamos a encontrar todas esas lentejas (ya sabéis, si las quieres las tomas y si no las dejas) a las que hacía referencia en el título.
Porque nuevamente, para no estropearos la experiencia si es que aún queda alguien que no la haya visto, solo diré que es un personaje al que se le piden muy pocas explicaciones y se le conceden muchos, muchísimos recursos.
Por no hablar de las cosas que pueden llegar a pasar en una comisaría de policía.
Lentejas sí, pero cuando las acompañas con buenos personajes, buenas actuaciones, y una escena final memorable, uno solo puede decir: benditas lentejas.

A modo de off-topic, simplemente me gustaría señalar mi decepción relativa a estas alturas con Natalie Portman.
Que no se me enfade nadie, sé que solo tiene 34 años, una edad con la que los más afortunados apenas empiezan a despuntar, y un Oscar en su haber. Pero lo cierto es que cuando con 14 años, ya te ha robado el corazón en Léon, les ha robado la película a un supuesto reparto coral en Beautiful Girls, y hasta ha asomado la cabeza por Heat, uno se entrega convencido de que la niña se va a comer el mundo. Y lo cierto es que, 21 años después, su carrera no me parece tan rutilante como hubiera vaticinado por aquel entonces. Ha combinado grandes actuaciones (Closer, Cisne Negro) y buenos proyectos, con auténticos bodrios, comedias románticas, telefilmes de tapadillo, y una muy desafortunada elección de Blockbusters (V de Vendetta, la segunda trilogía de Star Wars, y la franquicia Thor). Y es que su Amidala (mitad de la pareja con menos química de la historia del cine) y su Jane Foster, casi me han hecho desear que Natalie se hubiera criogenizado a los 15 años y salido únicamente de ese estado para interpretar a personajes como Mathilda. Casi. Pero por favor, no más Jane Foster...

La semana que viene voveré con más reseñas, y el cuarto episodio del fanfiction.
¡Saludos a tod@s!