Hace un tiempo me prometí a mí mismo dejar de lado estos infructuosos vs. Una futilidad que ya manifestaba en el mismísimo título de uno de ellos.
Porque si a la pregunta ¿Qué pasa cuando una fuerza imparable se encuentra con un objeto inamovible?, obtenemos una paradoja, esta no es tal si la fuerza que topa con ese objeto inamovible no es, de hecho, imparable.
Voluntaria o involuntariamente, Marvel Studios y DC/WB han creado una corriente antagónica de seguidores mucho más acentuada de lo que jamás haya sido entre lectores asiduos de cómic en el pasado. Y en el caso de Marvel Studios, estos son legión. Una legión activa en las redes sociales, ruidosa, y sobre todo, profundamente negativista y negacionista en todo lo relacionado con la competencia. Competencia que, a fin de cuentas, solo importa a las arcas de los estudios, y poco debería importar a la audiencia. En todo caso, debería incluso ser celebrada, ya que la esencia última de ésta es la de impulsar a los competidores a mejorar, a no relajarse, a ofrecernos más y mejores alternativas. Un espíritu que se está corrompiendo para detrimento de todos, excepto para las arcas de unos.
Ingenuamente, uno podría pensar que estos perfiles pertenecen a una audiencia mayoritariamente juvenil, creadora de mucho white noise, pero sin una capacidad real para influenciar a otras audiencias. Y puede que en el fondo así sea. Pero ahí es cuando entra en juego el llamado Clickbait. En una época en la que se habla más de lo que rodea a una película, que de la película en si misma, y en la que cientos de revistas especializadas, shows, blogs, páginas web, podcasts, canales de youtube, etc, intentan repartirse la tostada, la independencia ha pasado a convertirse en una rareza. Incluso medios de prestigio como Variety se hacen eco de cualquier rumor lo suficientemente extendido, aun si sus fundamentos son tan sólidos como la mantequilla, o sus especulaciones tan previsibles como el resultado de un partido entre profesionales y juveniles. Porque no se trata de informar, se trata de atraer a esas legiones, incrementar el tráfico, mejorar el posicionamiento, sin importar el daño colateral generado por el camino. Hombres y mujeres hechos y derechos, que no crean del todo tendencia, sino que más bien aprovechan y acrecentan las existentes para atraer hacia si mismos a todo ese fandom entregado y abnegado. Y de paso, aunque sea de manera circunstancial a los del otro bando y a los neutrales, porque a veces el tráfico no entiende de colores...
Tal es el caso del último rumor que sacude la red, iniciado por Drew McWeeney a través de HitFix, con un timing muy curioso: apenas unas horas después del magistral trailer final de Batman v Superman. En su exposición, de aproximadamente dos minutos, lo único que podría calificarse de "noticia" es que ha tenido acceso a gente que ha podido ver la película y el resultado no es el que esperaban. El problema es que esto no es contrastable en ningún caso. No porque, como algunos le piden en Twitter, no revele sus fuentes (ya sabemos que el periodismo no funciona así), sino porque oficialmente no se están ofreciendo screenings previos de la película a la prensa. No se puede corroborar a través de fuentes oficiales que nadie ajeno a la producción de la película haya tenido acceso a ella por el momento.
A continuación, McWeeney procede a especular durante la mayor parte de su exposición. "En Warner están preocupados", "Me sorprendería que JL se estrene cuando estaba previsto", "Me sorprendería que Zack Snyder la dirigiera", "Creo que adelantarán la película de Batman", etc...
Obviamente, como todos los grandes estudios, Warner está pendiente (que no preocupada en el sentido tremendista que se le está dando) de su inversión, y nuevamente, como todos los grandes estudios, va a ser reactiva a lo que dicte la taquilla. Así que condicionando la reacción del público, conseguimos que nuestras predicciones tengan alguna posibilidad de convertirse en realidad. Y si Batman v Superman no rebasa con creces a Man of Steel, lógicamente una de las primeras decisiones podría ser la de sustituir a Zack Snyder, cuyos haters también se cuentan por legión, al menos en la dirección. Y siendo Affleck la opción más plausible, también sería lo más lógico adelantar su Batman. Primero por ser la marca más robusta de la que disponen para rentabilizar al máximo una tercera inversión de gran magnitud, y segundo, para ver cómo se desenvuelve en un campo que, como director, le es ajeno. No sería la primera decisión de este tipo en el género, puesto que también hemos tenido cambios y célebres fugas, como la de Edgar Wright, en Marvel Studios, pero si se da, seguro que será la más sonada. En manos de estos grandes informadores, sonará como algo así: una demostración más de que WB anda por este mundo de los superhéroes como pollo sin cabeza, sin un plan definido y sin una dirección clara. ¿Veis? Yo también puedo hacer predicciones de medio pelo.
Drew McWeeney, el mismo que se inventó la supuesta política de que no podía haber bromas en las películas de DC, y al que ahora muchos dan credibilidad por el simple hecho de que hizo una crítica positiva a Man of Steel. Él mismo alude a sus 17 años de experiencia como crítico para fundamentar la solidez de sus incursiones en el periodismo informativo. No sé a qué espera Carol Leonning para ponerse a escribir lo primero que se le pase por la cabeza o le cuente algún vecino sobre la película...
Mención especial para Pedro Angosto, a quien cito ya que no tiene a bien permitir que cualquier comentario ajeno a sus intereses rebase la moderación en su blog Man of Bronze, pese a hacerse de manera respetuosa.
Un profesional capaz de crear mucho y diverso contenido, que sin embargo parece rebajarse a los más básicos instintos cuando de Batman v Superman se trata. La última, hacerse eco de las palabras de McWeeney dándoles carácter de sacrosantas, y haciendo gala de un medalleo inusual en alguien de su perfil. La penúltima, un repaso de unas 100 palabras, contando artículos y preposiciones, al último trailer de la película. Un análisis desde un prisma tan cínico, que si lo quisiéramos aplicar al trailer de Civil War, el resultado sería el mismo, eliminando la frase en la que habla con cierta sorna de Alfred, y añadiendo... explosiones por ejemplo. Y puestos a hablar de explosiones, en su línea, citar a Michael Bay, aludiendo a otro de los instintos más básicos de sus lectores, la vergüenza. Una frase en la que dice algo así como "ya sabemos a qué tipo de canis va dirigida la película" es la demostración más clara de ese juego tan obvio.
En conclusión, a un mes de su estreno, y tras un trailer sensacional, Batman v Superman afronta la fase final de su promoción herida de gravedad, con una proyección que en condiciones normales debería rebasar los 1000 millones de dólares, y que ahora podría verse rebajada a poco más de 800. Mucho tendrán que remar para contrarrestar el daño hecho. Pero el mayor daño puede ser el que nos estemos generando nosotros mismos, porque si la película resulta ser magnífica, pero la taquilla insuficiente, podrían haber cambios. Cambios que podrían ser, y eso sería lo más lógico, simplemente de cromos (Snyder por Affleck o George Miller), o de estrategia, sin duda más problemáticos.
Sabemos que la calidad no va asociada a la recaudación (p. ej. Batman Begins con 370 millones, o Iron Man con 580, por los 640 de Thor 2 o los 1400 de Age of Ultron), pero desde luego la recaudación sí que va ligada a la toma de decisiones. Y aunque la valoración general fuera muy buena, si los números no acompañan, es más que probable que WB no quiera jugarse una tercera inversión de semejante calibre a la misma carta. Así que a todos esos visionarios con dotes precognitivas, grandes maestros del prejuicio y mejores cazadores de visitas: gracias. Que Dios os lo pague con mucho tráfico.
¡Saludos a tod@s!
jueves, 18 de febrero de 2016
jueves, 11 de febrero de 2016
Lectura recomendada (del semestre): La Cosa del Pantano de Mark Millar y Grant Morrison (Swamp Thing 140-171, 1994-96)
Después de que la "eficiencia alemana" me haya mantenido varios meses casi incomunicado, retomo el blog con una entrada sencilla de esas que, si me pongo a contar meses, os debo unas cuantas. Al lío.
Durante estos meses de aislamiento involuntario, entre otras cosas, me he podido dedicar a completar lecturas pendientes. Y una de ellas ha sido esta etapa de La Cosa del Pantano recopilada en los dos tomos de "La Biblioteca de Lucien" publicados por Planeta, un formato no demasiado agradecido, pero el único disponible, y que tal vez ECC debería tener a bien reeditar, una vez amortizada la tercera versión recopilada en el mercado hispanohablante de la etapa de Alan Moore.
Y precisamente esa saga nacida de la genial pluma e indescifrable cabeza del de Northampton, había sido hasta la fecha mi (casi) único contacto con el personaje. Y tiene una explicación, la más sencilla de todas; completada su lectura, lo más fácil es pensar que, después de Moore, no hay nada.
Pero si bien es cierto que el conjunto de esta etapa no alcanza las cotas de genialidad de Moore, no es menos cierto que dista mucho de ser considerado como "nada".
Y es que allá por 1994, un desconocido Mark Millar, tutelado por otra superestrella británica como Grant Morrison durante los primeros números, proponían un nuevo giro a la historia del elemental después de que, tras su marcha, se abandonaran prácticamente todas las bases sentadas por Moore.
Pero no se limitaron a crear un sucedáneo barato de algo irrecuperable, sino que con mucha personalidad (y para mi gusto, acierto), crearon algo diferente, y expandieron el Universo y la mitología de la Cosa mucho más allá, dando cierre a la historia de un personaje que no sería retomado hasta 2004 (ya que el arco de Vaughan de 2001 nos propone a "otra" Cosa del Pantano), y tampoco lo haría por mucho tiempo.
A grandes rasgos, Morrison pone la psicodelia y el onirismo, y Millar pone la violencia y el lenguaje soez. Y al final lo que nos queda, si queremos compararla con la propuesta de Moore, es una historia menos ecologista pero más terrorífica; menos psicológica pero más psicotrópica (aunque también existencialista y filosófica); menos profunda, pero también mucho más dinámica. Una lectura ágil, vertiginosa, con decenas de personajes entrando y saliendo, y malrollera. Sobre todo malrollera. Y es que si os hacéis con uno de esos tomos con olor a viejuno y humedad, u os dedicáis a su lectura en un estado semifebril, os garantizo que en más de una ocasión no vais a poder contener la náusea. No faltan un buen puñado de momentos en los que, más que a Millar y Morrison, su imaginario parece evocarnos a Clive Barker o H.R. Giger. En el dibujo, Phil Hester o John Mueller entre otros, plasman con absoluta solvencia este tono tétrico, onírico y violento, casi siempre con un buen dominio de la narración secuencial, al menos para un paladar curtido pero sin conocimientos técnicos como el de quien os habla.
Una lectura que bien merece ser recomendada, incluso enérgicamente, pese al vacío editorial al que de momento parece condenada. Que sí, que Moore es muy bueno y muy rentable, pero que su Cosa del Pantano sea un 10, no debería de relegar a este 8 holgado al olvido editorial, y menos en estos tiempos, en los que la reedición de cualquier cosa medio decente tiene muy buenos números de rentabilizarse mejor que algunas dudosas novedades...
Si ya la habéis leído, o lo habéis hecho a raíz de esta recomendación, os invito a compartir vuestros pensamientos en la sección de comentarios. ¡Saludos a tod@s!
Durante estos meses de aislamiento involuntario, entre otras cosas, me he podido dedicar a completar lecturas pendientes. Y una de ellas ha sido esta etapa de La Cosa del Pantano recopilada en los dos tomos de "La Biblioteca de Lucien" publicados por Planeta, un formato no demasiado agradecido, pero el único disponible, y que tal vez ECC debería tener a bien reeditar, una vez amortizada la tercera versión recopilada en el mercado hispanohablante de la etapa de Alan Moore.
Y precisamente esa saga nacida de la genial pluma e indescifrable cabeza del de Northampton, había sido hasta la fecha mi (casi) único contacto con el personaje. Y tiene una explicación, la más sencilla de todas; completada su lectura, lo más fácil es pensar que, después de Moore, no hay nada.
Pero si bien es cierto que el conjunto de esta etapa no alcanza las cotas de genialidad de Moore, no es menos cierto que dista mucho de ser considerado como "nada".
Y es que allá por 1994, un desconocido Mark Millar, tutelado por otra superestrella británica como Grant Morrison durante los primeros números, proponían un nuevo giro a la historia del elemental después de que, tras su marcha, se abandonaran prácticamente todas las bases sentadas por Moore.
Pero no se limitaron a crear un sucedáneo barato de algo irrecuperable, sino que con mucha personalidad (y para mi gusto, acierto), crearon algo diferente, y expandieron el Universo y la mitología de la Cosa mucho más allá, dando cierre a la historia de un personaje que no sería retomado hasta 2004 (ya que el arco de Vaughan de 2001 nos propone a "otra" Cosa del Pantano), y tampoco lo haría por mucho tiempo.
A grandes rasgos, Morrison pone la psicodelia y el onirismo, y Millar pone la violencia y el lenguaje soez. Y al final lo que nos queda, si queremos compararla con la propuesta de Moore, es una historia menos ecologista pero más terrorífica; menos psicológica pero más psicotrópica (aunque también existencialista y filosófica); menos profunda, pero también mucho más dinámica. Una lectura ágil, vertiginosa, con decenas de personajes entrando y saliendo, y malrollera. Sobre todo malrollera. Y es que si os hacéis con uno de esos tomos con olor a viejuno y humedad, u os dedicáis a su lectura en un estado semifebril, os garantizo que en más de una ocasión no vais a poder contener la náusea. No faltan un buen puñado de momentos en los que, más que a Millar y Morrison, su imaginario parece evocarnos a Clive Barker o H.R. Giger. En el dibujo, Phil Hester o John Mueller entre otros, plasman con absoluta solvencia este tono tétrico, onírico y violento, casi siempre con un buen dominio de la narración secuencial, al menos para un paladar curtido pero sin conocimientos técnicos como el de quien os habla.
Una lectura que bien merece ser recomendada, incluso enérgicamente, pese al vacío editorial al que de momento parece condenada. Que sí, que Moore es muy bueno y muy rentable, pero que su Cosa del Pantano sea un 10, no debería de relegar a este 8 holgado al olvido editorial, y menos en estos tiempos, en los que la reedición de cualquier cosa medio decente tiene muy buenos números de rentabilizarse mejor que algunas dudosas novedades...
Si ya la habéis leído, o lo habéis hecho a raíz de esta recomendación, os invito a compartir vuestros pensamientos en la sección de comentarios. ¡Saludos a tod@s!
viernes, 11 de septiembre de 2015
Así es como muere la libertad. How to Arsenio vs. Marvel & OVNI Press
Hace ya algunos meses que tuvimos la oportunidad de charlar en El DeLorean de M&M con Negativo, uno de los responsables tras el blog How to Arsenio Lupín, en la que es nuestra única entrevista hasta la fecha. Y si de algo me arrepiento respecto a ese programa, es de no haber sido capaz de conseguir una mayor difusión para el mismo. Y no de una manera egoísta pensando en nuestro programa, sino porque creo que en él se pudo ver claramente el verdadero talante de gente como el propio Negativo, Arsenio, Keanu Alicante, y muchos otros no necesariamente relacionados con el blog.
Personas generosas con su tiempo, conscientes y consecuentes, desinteresadas, y por encima de todo, comprometidas con su pasión. Mi pasión. Nuestra pasión: Los cómics. Personas que trabajan sin mayor satisfacción que saber que están haciendo lo que creen que es correcto, sin mayor recompensa que algunos posts de agradecimiento. Personas a las que la sola insinuación de aplicarles un calificativo como "pirata" me parece un crimen mucho mayor que los que supuestamente se les atribuyen.
Para poneros en situación, la última semana ha sido especialmente convulsa para los chicos de How to Arsenio. La editorial argentina OVNI Press, en representación de Marvel, interpuso en primer lugar denuncia a Google (blogger) por los contenidos de Marvel disponibles en el blog. Como primera medida, el blog se trasladó a Wordpress como blog privado, es decir, al que solo se puede acceder mediante invitación de los administradores, y anunció que retiraría todas las entradas con material Marvel.
Hoy he amanecido con la noticia de que el blog ha sido retirado también de Wordpress por una nueva denuncia. Os traduzco a continuación un fragmento de la misma:
He remarcado en negrita la última parte del texto, que es de la que me quiero ocupar en esta entrada.
En primer lugar, How to Arsenio Lupín, no trabaja ni ha trabajado nunca con scans de OVNI Press. De manera casi exclusiva, todas estas páginas trabajan con tradu-maquetaciones, es decir, traducciones propias editadas de manera digital. Aunque como nos ha apuntado Kolam en la sección de comentarios, sí que existen algunos scans de material descatalogado y que ya no se estaba publicando, pero siempre de otras editoriales. Para quien no conozca los entresijos del tema, simplemente decir que es un trabajo que requiere bastante tiempo y dedicación, y en ocasiones más de una persona en el proceso (traducción, a veces revisión de la primera traducción, y disposición del texto en las viñetas con programas de tratamiento de imagen). Este tipo de acusaciones, como cualquier otra, debería venir acompañada de pruebas que, hasta donde yo sé, no van a encontrar en el blog. Imagino que, como en tantas otras cosas en la vida, al poderoso no se le exige el mismo tipo de pruebas que a quien no lo es. Y esto lo dice alguien con conocimiento de causa, ya que hace meses solicité que se retirara, o se me acreditara debidamente, de la web espaciodc una reseña de Crisis en Tierras infinitas plagiada de este blog, aportando para ello las pruebas necesarias, y ahí sigue el contenido sin acreditación alguna.
Pero es la segunda parte de este texto marcado la que me ocupa y me preocupa. Estas actividades han tenido un impacto muy negativo en nuestro negocio. Una afirmación que la mentalidad gregaria y el desconocimiento, pueden hacer que parezca peligrosamente cierta y hasta de perogrullo. Pero ¿realmente lo es?
Ni es mi labor ni tengo los medios para cuantificar de manera metódica esta afirmación. Desde luego, existen infinidad de perfiles de consumidores para este tipo de material. Desde el carroñero compulsivo que se dedica a descargar Teras de contenido que en muchísimas ocasiones ni siquiera llega a leer, hasta el consumidor de toda la vida que solo lo utiliza como filtro para seleccionar de manera responsable en qué gasta su (muy limitado) dinero. Entre los dos extremos, multitud de variantes: gente que no puede acceder a una distribución en papel de esos contenidos en sus países, curiosos, neófitos, veteranos descargando material antiguo no reeditado al que sería imposible acceder de otra manera (al menos sin re-hipotecar sus casas), y un larguísimo etcétera.
Pero empieza a ser imperativo que alguien que sí tenga esos medios, y la suficiente independencia y valentía, haga una cuantificación real del impacto de la cultura libre para el mundo empresarial. Porque los resultados podrían ser sorprendentes y dejar sin argumentos a más de uno. Y si algún día alguien tiene los arrestos de llevar a cabo ese estudio, que cuente con mi hacha.
Porque si bien no puedo hacer ese estudio de manera global, sí que puedo hacerlo acotado a mí mismo y a los que me rodean. Os pongo en antecedentes. Tengo 35 años y desde que tengo uso de razón he sido aficionado a los cómics, desde mis primeros Super Humor hasta Maus, pasando por cómic americano, europeo, manga... Lo que me pongan por delante. Y aún así, solo durante dos momentos de mi vida me he podido llamar a mí mismo coleccionista.
El primero, cuando durante mi infancia comencé a coleccionar los primeros volúmenes de la Patrulla X, Spiderman, y algunos más que publicaba Forum en España, y el Batman de Zinco. Años sencillos en los que solo debías administrar tu asignación entres tus diferentes caprichos, micro-economía que se veía aliviada de vez en cuando por contribuciones adicionales de tus padres tras una traumática visita al dentista, el practicante, o simplemente como recompensa puntual. Pero los años pasan, el espacio en una casa obrera disminuye, los caprichos de la adolescencia arrasan con todo, y el coleccionismo se convierte en errático y descuidado. Ese es mi caso personal, y posiblemente más de uno os podáis identificar con él.
Los años siguen pasando, llega la emancipación, y con tu propio dinero ya no solo debes administrar tus caprichos. Porque como una losa llegan las necesidades, y comienzas a preguntarte cómo se las pudieron ingeniar tus padres para sacarte adelante. Y topas frontalmente con la respuesta: renunciando a muchísimos caprichos. Y no solo el dinero se convierte en un bien limitado; el tiempo, que en tu infancia te parecía casi infinito se vuelve incluso más escaso y precioso que el vil metal. Y el coleccionismo se acaba. De vez en cuando te das una alegría con un buen tomo, pero se acabaron las grapas mensuales, las colecciones de mierda que seguías haciendo por pura inercia, la compra a ciegas...
Sigue pasando el tiempo y tu economía comienza a respirar, pero llevas demasiado tiempo desconectado de muchísimos personajes y eventos. ¿Cómo reengancharse? Te ciñes a lo imprescindible, tu personaje favorito, obras autoconclusivas recomendadas por gente de confianza... Vuelves a ser consumidor, pero en ningún caso coleccionista. A duras penas consumidor habitual.
Abramos aquí un pequeño paréntesis. Porque creo que es importante destacar la diferencia entre el cómic y otros medios. Como muchos sabéis, otra de mis pasiones es el cine, y también una de las industrias que hoy brama y ruge contra la llamada cultura libre. Sin embargo, incluso cuando mi economía personal ha sido muy ajustada, siempre he podido acceder al cine de manera gratuita a través de la televisión. O a un precio reducido a través del videoclub. La única diferencia era el timing. En el caso de la música por ejemplo, ni siquiera existía esa diferencia, ya que siempre se han podido escuchar de manera gratuita los éxitos más recientes a través de la radio. Cualquiera podía acceder a una biblioteca púbica (que no ha sido hasta hace relativamente poco que han comenzado a apostar más por el cómic, pero existiendo aún una gran diferencia cuantitativa) y tener acceso a millones de páginas de literatura. Ya en los 90 podías incluso alquilar un videojuego de 10.000 pesetas por 150 para estimar si valía la pena la inversión. A veces lo terminabas el mismo fin de semana... Pero, ¿y los cómics? A excepción de aquellas cuevas llamadas compro, cambio, vendo donde podías llevarte un ejemplar destrozado de Hulk (como si el propio Hulk hubiera sido su anterior propietario), o pintado a boli de Capa y Puñal a cambio de tu cuidadísimo Liga de la justicia, o vender esos cómics que no te gustaban tanto a una fracción de su valor para llevarte unos pocos, posiblemente igual de malos o peores, los aficionados nunca tuvimos una manera de acceder al material sin malgastar nuestro dinero.
Hasta que llegó Arsenio, aunque no llegó solo. Quizás ni siquiera llegó el primero. Pero fue el primero que yo conocí. Y si tuviera que expresar mi agradecimiento en palabras, no cabrían en este post. Lo que sí puedo hacer es cuantificar su aportación a ESA industria a través de mi persona. Porque gracias a ellos, pude unir los puntos de esos universos tan retorcidamente entrelazados que se han encargado de crear las grandes editoriales, evaluar la verdadera necesidad de los llamados tie ins para una colección determinada (en su mayoría, meros sacacuartos), conocer colecciones a las que no me habría acercado ni con un palo que ahora pueblan mis estanterías. Ellos me han devuelto la pasión y me han convertido de nuevo en un coleccionista. Desde que descubrí Arsenio, mi colección ha aumentado en unos 1700 ejemplares. Y puedo afirmar que por lo menos 1000 de ellos, no los habría adquirido sin haberlos leído antes. Su valor de portada supera los 10.000 €. Y podríamos sumar que de los 700 restantes, más de la mitad tampoco los habría adquirido si no me hubiera vuelto a picar el gusanillo, si no hubiera vuelto a convertirme en coleccionista, quizás modesto en comparación a otros, pero coleccionista al fin y al cabo. También es cierto que no todos los he adquirido de primera mano, pero eso es algo que queda acotado a la economía personal de cada uno. Y muy probablemente, lo que yo haya invertido en el mercado de segunda mano, haya revertido en una inversión por parte del vendedor en más cómics nuevos. Así es la rueda del consumo, y tampoco creo que necesite explicarla a estas alturas. Así que gracias a Arsenio, un solo individuo con una economía modesta, ha movido unos 13.000 € brutos en el mismo mercado que dicen defender estas editoriales. ¿Cuántos carroñeros hacen falta para que el impacto de ese dinero no tenga ningún valor? ¿Cuánto habría invertido cada uno de ellos de no existir How to Arsenio y otras páginas similares? Yo diría que hacen falta muchos, muchísimos. Tengo amigos en una posición económica más favorecida que han movido mucho más dinero, siempre en el mercado de primera mano, en colecciones que no habrían adquirido sin el filtro de Arsenio y páginas similares. Como digo, ojalá que alguien se tome el tiempo de hacer un estudio serio e independiente sobre este fenómeno en el que resulta demasiado fácil colgar a algunos la etiqueta de criminales, mientras las arcas de otros crecen más que nunca.
Para acabar, simplemente brindar mi humilde apoyo en esta noche más oscura a los chicos de How to Arsenio Lupín, y decirles lo que quizás debería haberles dicho en todos y cada uno de sus posts, y quien sabe, quizás también deberían hacerlo algunos de los responsables de esa industria que ahora les persigue: gracias, gracias, y mil veces gracias.
¡Saludos a tod@s!
Enlace a la entrevista a Negativo: http://www.ivoox.com/ep-21-entrevista-a-negativo-how-to-audios-mp3_rf_3500695_1.html
Personas generosas con su tiempo, conscientes y consecuentes, desinteresadas, y por encima de todo, comprometidas con su pasión. Mi pasión. Nuestra pasión: Los cómics. Personas que trabajan sin mayor satisfacción que saber que están haciendo lo que creen que es correcto, sin mayor recompensa que algunos posts de agradecimiento. Personas a las que la sola insinuación de aplicarles un calificativo como "pirata" me parece un crimen mucho mayor que los que supuestamente se les atribuyen.
Para poneros en situación, la última semana ha sido especialmente convulsa para los chicos de How to Arsenio. La editorial argentina OVNI Press, en representación de Marvel, interpuso en primer lugar denuncia a Google (blogger) por los contenidos de Marvel disponibles en el blog. Como primera medida, el blog se trasladó a Wordpress como blog privado, es decir, al que solo se puede acceder mediante invitación de los administradores, y anunció que retiraría todas las entradas con material Marvel.
Hoy he amanecido con la noticia de que el blog ha sido retirado también de Wordpress por una nueva denuncia. Os traduzco a continuación un fragmento de la misma:
Mi nombre es Martín Casanova, Soy editor en OVNI Press, una editorial en Argentina. Estoy autorizado para actuar en representación de Matías Timarchi, director de OVNI Press, propietario de un derecho exclusivo que ha sido infringido. Nuestra editorial posee los derechos de copyright para varias compañías de cómics, incluyendo Marvel Comics, Skybound, y Hellboy, entre otras. Hemos estado lidiando con copias digitales ilegales de los cómics que publicamos en Argentina (y otros países latinoamericanos).
Algunos grupos empezaron a escanear cómics originales americanos y traducirlos al Español. Después, los compartieron para que gente de todo el mundo pudiera descargarlos de manera gratuita. En algunos casos, incluso han escaneado nuestros propios cómics traducidos y los han compartido. Estas actividades han tenido un impacto muy negativo en nuestro negocio, y no podemos seguir mirando para otro lado.
He remarcado en negrita la última parte del texto, que es de la que me quiero ocupar en esta entrada.
En primer lugar, How to Arsenio Lupín, no trabaja ni ha trabajado nunca con scans de OVNI Press. De manera casi exclusiva, todas estas páginas trabajan con tradu-maquetaciones, es decir, traducciones propias editadas de manera digital. Aunque como nos ha apuntado Kolam en la sección de comentarios, sí que existen algunos scans de material descatalogado y que ya no se estaba publicando, pero siempre de otras editoriales. Para quien no conozca los entresijos del tema, simplemente decir que es un trabajo que requiere bastante tiempo y dedicación, y en ocasiones más de una persona en el proceso (traducción, a veces revisión de la primera traducción, y disposición del texto en las viñetas con programas de tratamiento de imagen). Este tipo de acusaciones, como cualquier otra, debería venir acompañada de pruebas que, hasta donde yo sé, no van a encontrar en el blog. Imagino que, como en tantas otras cosas en la vida, al poderoso no se le exige el mismo tipo de pruebas que a quien no lo es. Y esto lo dice alguien con conocimiento de causa, ya que hace meses solicité que se retirara, o se me acreditara debidamente, de la web espaciodc una reseña de Crisis en Tierras infinitas plagiada de este blog, aportando para ello las pruebas necesarias, y ahí sigue el contenido sin acreditación alguna.
Pero es la segunda parte de este texto marcado la que me ocupa y me preocupa. Estas actividades han tenido un impacto muy negativo en nuestro negocio. Una afirmación que la mentalidad gregaria y el desconocimiento, pueden hacer que parezca peligrosamente cierta y hasta de perogrullo. Pero ¿realmente lo es?
Ni es mi labor ni tengo los medios para cuantificar de manera metódica esta afirmación. Desde luego, existen infinidad de perfiles de consumidores para este tipo de material. Desde el carroñero compulsivo que se dedica a descargar Teras de contenido que en muchísimas ocasiones ni siquiera llega a leer, hasta el consumidor de toda la vida que solo lo utiliza como filtro para seleccionar de manera responsable en qué gasta su (muy limitado) dinero. Entre los dos extremos, multitud de variantes: gente que no puede acceder a una distribución en papel de esos contenidos en sus países, curiosos, neófitos, veteranos descargando material antiguo no reeditado al que sería imposible acceder de otra manera (al menos sin re-hipotecar sus casas), y un larguísimo etcétera.
Pero empieza a ser imperativo que alguien que sí tenga esos medios, y la suficiente independencia y valentía, haga una cuantificación real del impacto de la cultura libre para el mundo empresarial. Porque los resultados podrían ser sorprendentes y dejar sin argumentos a más de uno. Y si algún día alguien tiene los arrestos de llevar a cabo ese estudio, que cuente con mi hacha.
Porque si bien no puedo hacer ese estudio de manera global, sí que puedo hacerlo acotado a mí mismo y a los que me rodean. Os pongo en antecedentes. Tengo 35 años y desde que tengo uso de razón he sido aficionado a los cómics, desde mis primeros Super Humor hasta Maus, pasando por cómic americano, europeo, manga... Lo que me pongan por delante. Y aún así, solo durante dos momentos de mi vida me he podido llamar a mí mismo coleccionista.
El primero, cuando durante mi infancia comencé a coleccionar los primeros volúmenes de la Patrulla X, Spiderman, y algunos más que publicaba Forum en España, y el Batman de Zinco. Años sencillos en los que solo debías administrar tu asignación entres tus diferentes caprichos, micro-economía que se veía aliviada de vez en cuando por contribuciones adicionales de tus padres tras una traumática visita al dentista, el practicante, o simplemente como recompensa puntual. Pero los años pasan, el espacio en una casa obrera disminuye, los caprichos de la adolescencia arrasan con todo, y el coleccionismo se convierte en errático y descuidado. Ese es mi caso personal, y posiblemente más de uno os podáis identificar con él.
Los años siguen pasando, llega la emancipación, y con tu propio dinero ya no solo debes administrar tus caprichos. Porque como una losa llegan las necesidades, y comienzas a preguntarte cómo se las pudieron ingeniar tus padres para sacarte adelante. Y topas frontalmente con la respuesta: renunciando a muchísimos caprichos. Y no solo el dinero se convierte en un bien limitado; el tiempo, que en tu infancia te parecía casi infinito se vuelve incluso más escaso y precioso que el vil metal. Y el coleccionismo se acaba. De vez en cuando te das una alegría con un buen tomo, pero se acabaron las grapas mensuales, las colecciones de mierda que seguías haciendo por pura inercia, la compra a ciegas...
Sigue pasando el tiempo y tu economía comienza a respirar, pero llevas demasiado tiempo desconectado de muchísimos personajes y eventos. ¿Cómo reengancharse? Te ciñes a lo imprescindible, tu personaje favorito, obras autoconclusivas recomendadas por gente de confianza... Vuelves a ser consumidor, pero en ningún caso coleccionista. A duras penas consumidor habitual.
Abramos aquí un pequeño paréntesis. Porque creo que es importante destacar la diferencia entre el cómic y otros medios. Como muchos sabéis, otra de mis pasiones es el cine, y también una de las industrias que hoy brama y ruge contra la llamada cultura libre. Sin embargo, incluso cuando mi economía personal ha sido muy ajustada, siempre he podido acceder al cine de manera gratuita a través de la televisión. O a un precio reducido a través del videoclub. La única diferencia era el timing. En el caso de la música por ejemplo, ni siquiera existía esa diferencia, ya que siempre se han podido escuchar de manera gratuita los éxitos más recientes a través de la radio. Cualquiera podía acceder a una biblioteca púbica (que no ha sido hasta hace relativamente poco que han comenzado a apostar más por el cómic, pero existiendo aún una gran diferencia cuantitativa) y tener acceso a millones de páginas de literatura. Ya en los 90 podías incluso alquilar un videojuego de 10.000 pesetas por 150 para estimar si valía la pena la inversión. A veces lo terminabas el mismo fin de semana... Pero, ¿y los cómics? A excepción de aquellas cuevas llamadas compro, cambio, vendo donde podías llevarte un ejemplar destrozado de Hulk (como si el propio Hulk hubiera sido su anterior propietario), o pintado a boli de Capa y Puñal a cambio de tu cuidadísimo Liga de la justicia, o vender esos cómics que no te gustaban tanto a una fracción de su valor para llevarte unos pocos, posiblemente igual de malos o peores, los aficionados nunca tuvimos una manera de acceder al material sin malgastar nuestro dinero.
Hasta que llegó Arsenio, aunque no llegó solo. Quizás ni siquiera llegó el primero. Pero fue el primero que yo conocí. Y si tuviera que expresar mi agradecimiento en palabras, no cabrían en este post. Lo que sí puedo hacer es cuantificar su aportación a ESA industria a través de mi persona. Porque gracias a ellos, pude unir los puntos de esos universos tan retorcidamente entrelazados que se han encargado de crear las grandes editoriales, evaluar la verdadera necesidad de los llamados tie ins para una colección determinada (en su mayoría, meros sacacuartos), conocer colecciones a las que no me habría acercado ni con un palo que ahora pueblan mis estanterías. Ellos me han devuelto la pasión y me han convertido de nuevo en un coleccionista. Desde que descubrí Arsenio, mi colección ha aumentado en unos 1700 ejemplares. Y puedo afirmar que por lo menos 1000 de ellos, no los habría adquirido sin haberlos leído antes. Su valor de portada supera los 10.000 €. Y podríamos sumar que de los 700 restantes, más de la mitad tampoco los habría adquirido si no me hubiera vuelto a picar el gusanillo, si no hubiera vuelto a convertirme en coleccionista, quizás modesto en comparación a otros, pero coleccionista al fin y al cabo. También es cierto que no todos los he adquirido de primera mano, pero eso es algo que queda acotado a la economía personal de cada uno. Y muy probablemente, lo que yo haya invertido en el mercado de segunda mano, haya revertido en una inversión por parte del vendedor en más cómics nuevos. Así es la rueda del consumo, y tampoco creo que necesite explicarla a estas alturas. Así que gracias a Arsenio, un solo individuo con una economía modesta, ha movido unos 13.000 € brutos en el mismo mercado que dicen defender estas editoriales. ¿Cuántos carroñeros hacen falta para que el impacto de ese dinero no tenga ningún valor? ¿Cuánto habría invertido cada uno de ellos de no existir How to Arsenio y otras páginas similares? Yo diría que hacen falta muchos, muchísimos. Tengo amigos en una posición económica más favorecida que han movido mucho más dinero, siempre en el mercado de primera mano, en colecciones que no habrían adquirido sin el filtro de Arsenio y páginas similares. Como digo, ojalá que alguien se tome el tiempo de hacer un estudio serio e independiente sobre este fenómeno en el que resulta demasiado fácil colgar a algunos la etiqueta de criminales, mientras las arcas de otros crecen más que nunca.
Para acabar, simplemente brindar mi humilde apoyo en esta noche más oscura a los chicos de How to Arsenio Lupín, y decirles lo que quizás debería haberles dicho en todos y cada uno de sus posts, y quien sabe, quizás también deberían hacerlo algunos de los responsables de esa industria que ahora les persigue: gracias, gracias, y mil veces gracias.
¡Saludos a tod@s!
Enlace a la entrevista a Negativo: http://www.ivoox.com/ep-21-entrevista-a-negativo-how-to-audios-mp3_rf_3500695_1.html
martes, 25 de agosto de 2015
Lectura recomendada: Crisis de identidad (Identity Crisis. Brad Metzer, Rags Morales, 2004. DC Comics)
Cuando uno se aproxima a un evento de DC con la palabra Crisis en su título, resulta casi inevitable pensar en Multiversos, amenazas cósmicas, y un casi interminable desfile de personajes de la editorial. Afortunadamente, en el caso que nos ocupa, nada más lejos de a realidad. Y digo afortunadamente, no porque sienta ningún tipo de animadversión hacia esas otras Crisis, sino porque esta terrenal y, sobre todo, visceral Crisis de Identidad, es para mi una de las grandes obras maestras de la Era Moderna de cómic americano. Una historia que, con pequeños ajustes, podría perfectamente ser extrapolada del mundo de los superhéroes sin perder un ápice de fuerza, pero que tampoco pierde un ápice de credibilidad por la presencia de éstos.
Todo arranca con el misterioso asesinato de Sue Dibny, la esposa del Hombre elástico, Ralph Dibny. A raíz de este acontecimiento, y principalmente a través de los ojos de Green Arrow, se destapará un suceso del pasado de la JLA que removerá los cimientos de su propia esencia, y que afectará profundamente a las convicciones de varios personajes. De los implicados en aquel suceso, algunos como Barry Allen o Hal Jordan ya no están, aunque sí sus sucesores, siendo Wally West la parte más interesada. Otros siguen en activo, y miembros o no de la Liga, viven con las consecuencias de lo que hicieron.
Aún así, no creáis que la historia se limita a señalar con el dedo a un pequeño grupo de héroes. Nadie en esta historia sale con las manos completamente limpias, ni completamente sucias. Más allá de las dudas que ya puede generar el suceso en si, tampoco los mejores del mundo quedan completamente fuera del cuadro. Y lo refleja perfectamente a través las palabras del propio Oliver Queen, Superman oye lo que quiere oír. Batman sabe lo que quiere saber.
Esta trama se entrecruza con las amenazas a otros seres queridos de los héroes, y la propia investigación del asesinato con una narrativa solvente y por momentos sobrecogedora. La conmovedora historia de amor entre Ralph y Sue (que nos acompañará hasta su breve pero efectivo epílogo), ver al propio Ralph incapaz de mantener su forma corpórea por el dolor de la pérdida, la impotencia de Batman en un momento crucial para la vida de Tim... Son solo algunos de los momentos de esta historia que se clavan en la memoria, independientemente de sus consecuencias más allá de ella.
Porque otro de los puntos fuertes de Crisis de Identidad es que puede vivir como un ente propio. Obviamente tiene antecedentes (Teen Titans...), tie-ins, siendo quizás los más relevantes los que atañen a Flash, y consecuencias. Muchas consecuencias, en especial para Batman y Robin (o la aparición de una nueva Manhunter, de la que quizás os hablaré otro día). Pero independientemente de su encaje en continuidad, puede ser leída y disfrutada plenamente sin necesidad de pasar por otras colecciones, que tienen a su vez sus propias tramas en marcha. Y eso es algo que se agradece, y mucho, en una época marcada por la necesidad de dar impuso comercial a cualquier cosa que se pueda relacionar con una obra de este calibre. Todos los antecedentes importantes son referenciados de manera clara y concisa como para que cualquier lector con un mínimo de familiaridad con los personajes pueda saborearla al máximo. Tampoco los que posean un amplio conocimiento, incluso de la continuidad en Eras anteriores, encontrarán en ella ninguna contradicción mayúscula. Detalles relativamente menores, como la solitaria presencia de Sue en la base de la Liga tienen un origen canónico y documentado.
En cuanto al dibujo, solo os puedo ofrecer mi visión de consumidor no cualificado, así que no entraré detalles que van más allá de mi conocimiento. Lo que sí puedo deciros es que esta historia exigía a Morales que fuera capaz de captar y transmitir las emociones de sus protagonistas. Muchas, muy variadas, y muy frecuentes. Y creo que en ese apartado, el más importante, cumple con creces. También sabemos que debido a la inclusión de muchos personajes poco importantes, o apenas vistos en mucho tiempo, Morales tuvo que documentarse de manera bastante exhaustiva, consiguiendo dotarlos de una personalidad propia y distinguible.
Para finalizar, comentaros que existen actualmente dos ediciones de este cómic en España, una en 3 grapas y otra en un solo tomo, ambas de Planeta y descatalogadas, pero que se pueden encontrar en el mercado de segunda mano sin demasiadas dificultades. También es más que probable que ECC reedite esta saga en breve, tal y como hemos confirmado en la sección de consultas de su propia web, pero todavía no hay un anuncio oficial ni fechas.
Existe también un tomo llamado Crisis de identidad: Prólogo, que es en realidad una recopilación de las historias de Justice League of America #122 y #166 a #168 de los años 70, que aunque sí guardan cierta relación con ella, es más bien circunstancial, y un gancho comercial. No me malinterpretéis, son buenos cómics de la JLA en su contexto, y una buena oportunidad para aproximarse al trabajo de un no tan conocido Dick Dillin, pero en ningún caso un Prólogo que os vaya a aportar algún valor añadido de cara a la lectura que nos ocupa.
Volvemos muy pronto con una nueva entrega de nuestro fanfiction. Entretanto, espero que disfrutéis de una lectura de más quilates, como sin duda lo es esta recomendación.
¡Saludos a tod@s!
jueves, 20 de agosto de 2015
The Railway Man ("Un largo viaje". Jonathan Teplitzky, 2013): Tan conmovedora en el fondo como poco arriesgada en la forma.
The Railway Man es la tercera película, y la única de cierto renombre, del director australiano Jonathan Teplitzky, basada en la autobiografía homónima de Eric Lomax. Una historia que ya fue adaptada para la televisión por la BBC en 1995 bajo el título Prisoners of Time, con John Hurt en el papel de Lomax.
Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la conquista de Singapur por parte de los japoneses, los prisioneros aliados son forzados a trabajar en la construcción del ferrocarril Tailandia-Burma, una empresa de proporciones inhumanas, para la que según la propia película, se requería un ejército de esclavos. A raíz de dos actos clandestinos, pero más bien inocentes, uno relacionado con la moral de los prisioneros, y otro con su propia devoción por los trenes, Eric Lomax es acusado de conspirar contra sus captores, siendo apartado del grupo (donde hasta ese momento, como ingeniero, tenía ciertos privilegios), humillado, y torturado repetidamente. Años después, todavía arrastrando graves secuelas psicológicas, localiza a uno de sus captores al que creía muerto, y emprende el viaje para confrontarlo.
La cinta arranca con el primer encuentro entre Lomax y la que sería su segunda (y definitiva) esposa, Patti. Una escena que condensa con bastante acierto la fascinación de su protagonista hacia los trenes, así como hacia la mujer que le acompañaría durante el resto de sus días. Aun siendo una narración serena y con tendencia a la elipsis y la omisión de detalles importantes sobre la vida de sus personajes (nunca sabemos cómo se ganaba la vida Eric Lomax, ni tampoco nada de sus hijos o los de Patti), tampoco deja que perdamos el hilo, y sienta unas bases lo suficientemente sólidas como para entender sus comportamientos a lo largo del desarrollo de la historia.
Pero es cuando tiene que contarnos lo sucedido en aquellos campos de prisioneros y el calvario personal de Lomax, donde la película no arriesga y se convierte en un relato relativamente convencional, un conglomerado de cosas que ya hemos visto, un infierno del que se habla mucho más de lo que se nos muestra, y la referencia constante a una habitación que, finalmente, quizás no tiene tanto protagonismo como todo parecía indicar. Se produce así una marcada descompensación entre las dos líneas temporales, que hace perder enteros al conjunto.
Porque mientras el pasado tiene un cierto tufillo a telefilme, quizás no en lo técnico pero sí en lo narrativo, y sin que tampoco ninguna actuación sobresalga especialmente, en el presente Colin Firth se come la pantalla, sin excesos ni histrionismos. Y es que junto al componente humano de la historia en que se basa, Firth es el indudable e infalible motor de esta película. Una actuación que por momentos no tiene nada que envidiar a su premiado Discurso del Rey, aunque en el tramo final pierda algo de fuerza, también en pos de que Hiroyuki Sanada pueda tener protagonismo en una historia que casi con total seguridad, reclamaba algo más de metraje para él, y algo menos para Kidman.
Si bien es correcta en casi todos sus aspectos, e incluso superior a la media en algunos de ellos, The Railway Man puede no ser un visionado imprescindible. Pero sí lo es la historia de Lomax y Nagase, un relato de pérdida, venganza, culpa y redención que no debería dejar indiferente a nadie. Bien vale la pena gastar dos horitas en conocerla. Porque muchos son los títulos que nos hablan de lo que la guerra puede hacer a los hombres; pero no tantos los que nos hablan de qué pueden hacer los hombres tras ello. Para quien tenga ganas de más, siempre quedará el libro. A quien no le diga nada, más allá de las limitaciones expuestas, tal vez debería revisarse el corazón. O el alma.
lunes, 17 de agosto de 2015
Fan Fiction. Batman: La cura. Capítulo cuatro.
Hola a todo@s. Tal y como os prometí el viernes, llega el capítulo cuatro recién salido del horno. Sé que de momento todo está siendo exposición y diálogo, pero creo que es importante sentar bien las bases de dónde se encuentra emocionalmente cada personaje, y en qué punto aproximado de la continuidad pre-new 52 podría encajarse (con algunas licencias, ya que no dejaría de ser más bien un Elseworld) antes de que empiece la acción. Que tampoco es que vaya a haber a raudales, pero prometo que la habrá.
Espero que os guste.
Espero que os guste.
Batman: La cura. Capítulo cuatro.
Bat-cueva
0:01
Para
cuando el bat-móvil rompe con un estruendo el silencio de la cueva, Alfred
lleva esperando unos minutos. Consciente de lo delicado del momento en
cuestión, intenta permanecer lo más sereno e inexpresivo posible. Aunque en el
pasado no siempre estuvo de acuerdo con la cruzada y los métodos de Batman,
piensa que éste no es el momento para otras consideraciones. Los dos hombres se
dirigen con paso ligero desde la plataforma del bat-móvil hacia la computadora.
B- ¿Qué
tenemos?
A- Alexander
William Corserra, 38 años, nacido y criado en Coast City. Comenzó sus estudios
de Psicología en la propia CCU, y tras la destrucción de la ciudad se mudó con
su familia a Metrópolis, donde finalizó sus estudios y obtuvo el doctorado. Sin
antecedentes. Ha trabajado siempre en el campo de la investigación, donde hasta
ahora no parecía haber destacado especialmente. Su nombre aparece en una única
patente, y solo uno de sus estudios ha pasado las primeras fases de desarrollo.
También he generado un listado completo con imágenes de todos los inversores que
alguna vez le han financiado, además de familiares, compañeros de clase,
profesores... Ninguno de ellos ha generado resultados del cruce automático de
referencias, pero tal vez usted pueda obtener algo más. Me he permitido la
libertad de prepararle un tentempié en caso de que se presente una noche larga.
Estaré
arriba si me necesita. Y… buena suerte señor
B-
Gracias, Alfred – retirándose la capucha.
Y al
pasar, le devuelve una mirada de cierta calidez a su más antiguo aliado y
amigo. Al ver sus ojos tras la máscara, Alfred puede reconocer una preocupación
genuina, que más que al propio Batman, le evoca al joven Bruce cuando albergaba
muchas más preguntas que respuestas y más dudas que convicciones. Pero no dice nada. Sabe que llegado el momento, tal vez necesite atravesar una vez
más su coraza, y para él, esa es una empresa que no admite sutilezas,
tentativas, ni distracciones. Así, sin querer anticipar ese momento ni en la
realidad ni en su cabeza, se retira para dejarlo trabajar.
Pocos
minutos después, apenas habiendo comenzado a repasar minuciosamente los
archivos de Corserra, nota un ligero golpe de aire a su espalda, y se detiene.
Conoce demasiado bien la sensación como para necesitar confirmación visual.
B-
Clark... – Superman también conoce perfectamente la sensación como para
extrañarse - ¿A quién debo el honor? ¿Alfred?
S- ¿Qué
problema tenéis los detectives con los mayordomos? Soy periodista, ¿recuerdas?
B- No
eres tan bueno, y sé que Lois está fuera del país.
S- Dick
me pidió que fuera discreto, pero ambos sabemos que eso no tiene sentido
contigo.
B-
¿Gordon?
S- Sí.
Llamó a Barbara mientras se dirigía a Arkham.
B-
Entonces me alegro de que se haya enterado por él… Puedes decirle a Dick que
tendré esa conversación con ella tan pronto como llegue al fondo de todo esto.
S- Lo
sé –afirma justo antes de adoptar un gesto más serio - Pero Richard no me ha pedido
nada relacionado con Barbara. También está preocupado por ti. Y no me entiendas
mal, ninguno nos atreveríamos a decirte qué hacer o creer cuando se trata de…
él. Sé que tienes mucho que hacer, y que seguramente no necesites mi ayuda; aún así he venido a
recordarte una vez más que no estás solo.
B- Sí,
tengo mucho que hacer… Pero hay algo que quiero preguntarte antes – girándose
hacia Superman, para quien esta situación sí que es completamente inesperada,
no pudiendo contener un gesto de sorpresa-. Recuerdo que mi padre solía utilizar
con frecuencia una cita: “Lo único que hace falta para que el mal triunfe…
S- …es
que los hombres buenos no hagan nada para evitarlo” – asintiendo con la cabeza.
B- Por
aquel entonces solo era algo que sonaba muy bien, pero se clavó en mi mente, y
más tarde me acompañó durante los años de dudas y sufrimiento. Cada vez que
pensaba en rendirme mientras me preparaba, cada vez que cedía un milímetro al
deseo de venganza, me la repetía a mí mismo en mi cabeza. Lo que nunca me
pregunté es, ¿qué pasaría si un solo hombre bueno quiere hacer demasiado?
S-
Nunca es demasiado, Bruce.
B- Eso
es lo que siempre creí. Siempre que me enfrenté a la aparición de un nuevo
fenómeno, siempre que pude cuestionarme si era mi propia existencia la que los
estaba creando, me mantuve firme, consciente de que toda acción conlleva una
reacción. Y aunque cada vez parecían temerme menos, insistí en la vía del
miedo. Tuve que hacerme mejor, más fuerte, más oscuro.
Pero
pienso por un momento en Hal... Él era uno de los nuestros; uno de los mejores
además. Los dos vimos lo que le hizo el miedo, y si puede hacerle eso a uno de los
héroes más grandes del Universo, ¿qué podría hacerle a un hombre desesperado?
Siempre
vi al Joker como la maldad pura, una personificación de todo aquello contra lo
que lucho. Cuanto mejor me hacía, más violento, imprevisible y caótico se
volvía. Y aunque no creo… aunque sé que esta “cura” no puede retenerle, ahora
creo que es posible que detrás de todo, en lo más profundo de tanta maldad,
quizás solo haya un hombre asustado.
S- No
voy a dudar de tu juicio en esto, pero él siempre ha querido llevarte al
límite, ¿no es posible que todo esto sea solo un cambio de planes en su jugada?
B- He
visto sus ojos Clark, esta vez no estaba provocándome, estaba pidiéndome ayuda…
S-
Sabes que muchas veces he manifestado dudas hacia tus métodos, pero más que
eso, siempre me entristeció ver cómo enfocabas tu potencial hacia el miedo y la
desconfianza. Muchos me ven como una inspiración, un ideal; pero aunque yo me
sienta como tal, en el sentido estricto de la palabra, yo no soy humano.
Pensaba
que tú tenías la oportunidad de ser el mejor de todos ellos, una verdadera
inspiración, un igual que les demostrara un camino mejor. Y en cambio preferías
mantenerte como una leyenda urbana, un cuento para niños y malhechores, incluso
una figura distante para los que son como nosotros. Pero con el tiempo te fui
conociendo mejor. Cuando me dejaste. Entendí que sacrificaste todo eso para que
hombres como yo, como tu padre, o como tú mismo en otra vida, no tuvieran que
hacerlo. Y aun sacrificándolo todo, has perdido tanto…
Entendí
que también mi propia naturaleza, por más luminoso que me mantenga, puede
generar un gran miedo. Y quien más nos teme es también quien más nos odia. En
eso, quizás solamente en eso, Luthor y él no son diferentes.
Créeme,
cuando llegue el día en que decidas que Batman ya no es necesario y puedas ser
por fin Bruce Wayne, muchos seremos los que lo celebremos. Pero he aprendido
que mientras no llegue ese día, Batman no es un mal necesario; Batman es
necesario.
B- ¿Y
si en algún lugar de mi ser, todo este tiempo he estado compitiendo contigo?
S-
Déjame contarte algo. Cuando era joven, quería jugar a fútbol americano. Me
decía a mi mismo que lo hacía por obtener una beca y hacer más fácil la vida a mis padres, pero en el fondo lo hacía por ego. Mi padre me lo prohibió
rotundamente. Al principio creí que por simple miedo a que fuera descubierto,
pero él me hizo ver que era mucho más que eso. Todos esos chicos se esforzaban
mucho, trabajaban duro para mejorar y poder superar a sus adversarios. No era
justo para ellos tener que enfrentarse a un chico que no era en absoluto como
ellos; pero sobre todo, no era bueno para mí. “No podemos aprender nada de una
victoria sin sacrificio, ni de una meta sin obstáculos”, me dijo.
Lo que
hacemos nosotros no es fútbol americano Bruce.
Tras el
incidente con Ra’s y los "protocolos", tuve sueños muy vívidos donde perdía el
control, sucumbía a ese mismo ego, y me convertía en aquello que desprecio. Y
en todos ellos había algo en común. Tú siempre estabas allí para intentar
detenerme. En algunos lo conseguías, en otros no; pero nunca te rendías…
Después
de todos estos años, puedo decirte que no dejaría mi vida en manos de otro. Ni
yo, ni tantos otros. Muchas veces he visto cómo te miran los más jóvenes, y también
los más veteranos. Juntos hemos enfrentado amenazas inimaginables, y hemos
visto cerca el final. Todos me habrían acompañado a un final heroico, pero
ninguno lo habría hecho mientras tú no creyeras que era un final inevitable. Ni
siquiera yo mismo. Y en ese sentido, todos competimos contigo. Competir nos
hace mejores, nos lleva más allá de lo que creíamos nuestros propios límites.
Solo la obsesión puede convertirlo en un problema. Conozco tu obsesión, y sé
muy bien que no es competir conmigo, así que por lo que a mi respecta, no dejes
de hacerlo.
Un
silencio profundo se adueña de la cueva. La mirada contemplativa de Bruce
recobra toda su determinación. Con un gesto de aprobación, se vuelve a girar
hacia la computadora. No hacen falta más palabras. Pero no por innecesarias,
son impronunciables.
B-
Puedes decirle a Dick que no se preocupe por mí. Seguro que Barbara le necesita
en este momento, ayúdalos en lo que puedas.
S-
Siempre lo hago cuando me dejan. Adiós, Bruce.
B-
Adiós Clark. Y… - vuelve a notar una ráfaga de aire en la nuca- gracias.
Y
aunque haya levantado el vuelo, sabe que Superman le ha escuchado. Y
Superman sabe que lo sabe. Ha conseguido lo que venía buscando, aun con la
inesperada abertura emocional del hombre al que por encima de todo, considera
un amigo; el mejor de todos ellos.
jueves, 13 de agosto de 2015
¿Falta originalidad? Lo que sobra es mediocridad. Ética y contenidos online.
Interrumpo mis habituales reseñas para traeros hoy una pequeña reflexión, siendo probablemente el blog el medio más adecuado para plasmarla.
Me llegó hace no mucho cierto contenido donde se denunciaba abiertamente, y sin demasiado fundamento, una alarmante falta de originalidad en el mundo del entretenimiento. La mil veces repetida canción triste, llena de vaticinios apocalípticos, mucha amargura, y en este caso concreto, escupida desde la limitada óptica de quién cree saber mucho, sabiendo en realidad muy poco.
Porque uno puede o no estar de acuerdo con alguien que afirma lo mismo desde la experiencia de quien lleva años, décadas, en el lado del consumidor compulsivo, en una conversación natural alejada del postureo que ejercen algunos aspirantes a creador de tendencias, que hablan más de lo que piensan, y destruyen mucho más de lo que crean. Y que nadie me malinterprete, ninguno somos ajeno a la pérdida de la capacidad de fascinación que a veces conlleva el paso de los años. La experiencia puede traer consigo una maleta pesada, una carga de escepticismo, un trasfondo amargo, y si no tenemos cuidado, hasta decepción y hastío.
Pero cuando esta afirmación nace de la propia frustración y mediocridad, cuando este hastío no responde a una trayectoria sino que ya viene de fábrica, y además se lanza con ínfulas de superioridad, a uno le saltan todas las costuras.
Hace hoy algo más de tres años, decidí enfocar algunos de mis esfuerzos hacia el mundo de la opinión y la crítica. En este tiempo, mientras buscaba mi propia voz (aún la sigo buscando), sin duda he cometido errores, pero de buen seguro he aprendido algo: quienes queremos dedicarnos a dar opinión, sea de manera profesional o aficionada, debemos procurar tener siempre en mente ciertas máximas. El dogmatismo, el inmovilismo y la posición de superioridad auto-concedida, han de ser vistos como el gran enemigo, y nunca como un sello de identidad. Tanto si queremos aportar un valor añadido, como ser un vehículo de aproximación, un elemento de consulta, o incluso una habitual voz discordante, debemos siempre mirar primero nuestro propio ombligo. Porque en el ejercicio de la opinión, debemos aportar nuestra visión intentando siempre ser vehículo de lo poco o mucho que sabemos, pero nunca esclavos de lo que no sabemos. Nunca vender vivencia como hecho, y aún menos, transmitir datos falsos para fundamentar en ellos una opinión.
Porque independientemente de la mayor o menor tendencia al reboot, remake, o re-imaginación de conceptos ya conocidos, cada año tenemos varias propuestas interesantes e innovadoras por debajo del radar (Nightcrawler, Snowpiercer, Brick, Blue Ruin...)
Por otro lado, desde que el cine es cine, un alto porcentaje de sus producciones tienen detrás un guión basado en una novela o un hecho real, y algunos de los guiones originales pueden ser también una vuelta de tuerca a esas mismas historias. Y no estoy diciendo que haya que conocer todas esas fuentes, cuando precisamente una de las funciones del cine (y la televisión) siempre ha sido la de acercar al gran público productos anteriormente menos populares. Pero al menos tenerlo en cuenta antes de querer descubrir a las masas este hecho catastrófico que solo un gran analista puede sacar a relucir con tanta agudeza y precisión...
Y la cosa se agrava cuando, por simple afinidad, se pone como ejemplo de originalidad una serie de televisión basada en un personaje que existe desde 1941...
Es mucho más sencillo criticar con una serie de argumentos sesgados, e incluso datos erróneos, una tendencia que no nos gusta, que reflexionar sobre si esa supuesta tendencia es fruto de una decadencia real, de una percepción personal basada en el prejuicio, o de un cambio en la naturaleza del consumidor y el posicionamiento de los productos.
Más sencillo que tratar de analizar los hábitos de demanda de una generación marcadamente mitómana, y las que le siguen. Y desde luego, mucho más fácil y menos laborioso que dedicar tiempo y esfuerzo a buscar y ofrecer alternativas a tu público potencial.
Mucho más fácil que distinguir entre toda esa reutilización de materiales conocidos, qué propuestas creemos que merecen la pena de las que no. O recordar a creadores que sí han aprovechado esos trampolines para contar las historias que querían.
Es mucho más fácil entrar en la constante contradicción con tal de cubicar, escoger un tema más o menos manido para hacer una aproximación polémica, recoger cuatro datos de aquí y allá para complementar nuestras carencias, e intentar ocultarlas de un mundo que queremos que nos juzgue como una referencia que sabemos que no somos, pero que morimos por aparentar. Es mucho más fácil hacer todo esto deprisa y corriendo y ponerse delante de un micrófono o un teclado, que ser honesto con uno mismo y con tu público.
Errar es humano, pero quien mucho yerra y nunca rectifica, tiene un problema, y puede suponer un problema para los demás. Porque está muy bien tener las ideas claras, la vehemencia, e incuso la polémica; pero mi propia experiencia me dice que quien nunca cambia de idea, no es porque tenga las ideas claras, sino porque no sabe lo suficiente.
Puede que falte originalidad, como puede que falte capacidad del otro lado para ubicar el talento, u oportunidades para que éste sobresalga. O puede que no. Parece más bien un tema abierto a debate sin un claro vencedor, que un tema para una exposición unilateral y dogmática.
Lo que desde luego sobra son creadores de contenidos que únicamente se dediquen a intoxicar a su audiencia con sus propios prejuicios. Lo que sobra es mediocridad. Y cuando la mediocridad se premia, todos estamos tentados a coger la vía fácil. Y lo grave no es tomarla como fruto de la inexperiencia, sino hacerlo de manera premeditada y reincidente.
Ya que la calidad de nuestros contenidos depende tanto de criterios objetivos como subjetivos, debemos velar al menos por que su ética, la cual sí depende completamente de nosotros, sea lo menos dudosa posible. Hacerlo de corazón, en lugar de llenarnos la boca de un ejemplo con el que no predicamos.
Y si no enlazo en esta entrada el contenido que ha provocado esta reflexión (aunque se puede encuadrar en un marco más amplio, que nunca general), no es por tirar la piedra y esconder la mano, sino porque no quiero publicitar y redirigir a mis (pocos o muchos) lectores a un contenido que considero absolutamente nocivo, incluso a modo de ejemplo.
Dicho esto, cierro este pequeño paréntesis, anunciando que entre hoy y el unes caerá el capítulo 4 de "La cura" (cerrando flecos). ¡Saludos a tod@s!
Me llegó hace no mucho cierto contenido donde se denunciaba abiertamente, y sin demasiado fundamento, una alarmante falta de originalidad en el mundo del entretenimiento. La mil veces repetida canción triste, llena de vaticinios apocalípticos, mucha amargura, y en este caso concreto, escupida desde la limitada óptica de quién cree saber mucho, sabiendo en realidad muy poco.
Porque uno puede o no estar de acuerdo con alguien que afirma lo mismo desde la experiencia de quien lleva años, décadas, en el lado del consumidor compulsivo, en una conversación natural alejada del postureo que ejercen algunos aspirantes a creador de tendencias, que hablan más de lo que piensan, y destruyen mucho más de lo que crean. Y que nadie me malinterprete, ninguno somos ajeno a la pérdida de la capacidad de fascinación que a veces conlleva el paso de los años. La experiencia puede traer consigo una maleta pesada, una carga de escepticismo, un trasfondo amargo, y si no tenemos cuidado, hasta decepción y hastío.
Pero cuando esta afirmación nace de la propia frustración y mediocridad, cuando este hastío no responde a una trayectoria sino que ya viene de fábrica, y además se lanza con ínfulas de superioridad, a uno le saltan todas las costuras.
Hace hoy algo más de tres años, decidí enfocar algunos de mis esfuerzos hacia el mundo de la opinión y la crítica. En este tiempo, mientras buscaba mi propia voz (aún la sigo buscando), sin duda he cometido errores, pero de buen seguro he aprendido algo: quienes queremos dedicarnos a dar opinión, sea de manera profesional o aficionada, debemos procurar tener siempre en mente ciertas máximas. El dogmatismo, el inmovilismo y la posición de superioridad auto-concedida, han de ser vistos como el gran enemigo, y nunca como un sello de identidad. Tanto si queremos aportar un valor añadido, como ser un vehículo de aproximación, un elemento de consulta, o incluso una habitual voz discordante, debemos siempre mirar primero nuestro propio ombligo. Porque en el ejercicio de la opinión, debemos aportar nuestra visión intentando siempre ser vehículo de lo poco o mucho que sabemos, pero nunca esclavos de lo que no sabemos. Nunca vender vivencia como hecho, y aún menos, transmitir datos falsos para fundamentar en ellos una opinión.
Porque independientemente de la mayor o menor tendencia al reboot, remake, o re-imaginación de conceptos ya conocidos, cada año tenemos varias propuestas interesantes e innovadoras por debajo del radar (Nightcrawler, Snowpiercer, Brick, Blue Ruin...)
Por otro lado, desde que el cine es cine, un alto porcentaje de sus producciones tienen detrás un guión basado en una novela o un hecho real, y algunos de los guiones originales pueden ser también una vuelta de tuerca a esas mismas historias. Y no estoy diciendo que haya que conocer todas esas fuentes, cuando precisamente una de las funciones del cine (y la televisión) siempre ha sido la de acercar al gran público productos anteriormente menos populares. Pero al menos tenerlo en cuenta antes de querer descubrir a las masas este hecho catastrófico que solo un gran analista puede sacar a relucir con tanta agudeza y precisión...
Y la cosa se agrava cuando, por simple afinidad, se pone como ejemplo de originalidad una serie de televisión basada en un personaje que existe desde 1941...
Es mucho más sencillo criticar con una serie de argumentos sesgados, e incluso datos erróneos, una tendencia que no nos gusta, que reflexionar sobre si esa supuesta tendencia es fruto de una decadencia real, de una percepción personal basada en el prejuicio, o de un cambio en la naturaleza del consumidor y el posicionamiento de los productos.
Más sencillo que tratar de analizar los hábitos de demanda de una generación marcadamente mitómana, y las que le siguen. Y desde luego, mucho más fácil y menos laborioso que dedicar tiempo y esfuerzo a buscar y ofrecer alternativas a tu público potencial.
Mucho más fácil que distinguir entre toda esa reutilización de materiales conocidos, qué propuestas creemos que merecen la pena de las que no. O recordar a creadores que sí han aprovechado esos trampolines para contar las historias que querían.
Es mucho más fácil entrar en la constante contradicción con tal de cubicar, escoger un tema más o menos manido para hacer una aproximación polémica, recoger cuatro datos de aquí y allá para complementar nuestras carencias, e intentar ocultarlas de un mundo que queremos que nos juzgue como una referencia que sabemos que no somos, pero que morimos por aparentar. Es mucho más fácil hacer todo esto deprisa y corriendo y ponerse delante de un micrófono o un teclado, que ser honesto con uno mismo y con tu público.
Errar es humano, pero quien mucho yerra y nunca rectifica, tiene un problema, y puede suponer un problema para los demás. Porque está muy bien tener las ideas claras, la vehemencia, e incuso la polémica; pero mi propia experiencia me dice que quien nunca cambia de idea, no es porque tenga las ideas claras, sino porque no sabe lo suficiente.
Puede que falte originalidad, como puede que falte capacidad del otro lado para ubicar el talento, u oportunidades para que éste sobresalga. O puede que no. Parece más bien un tema abierto a debate sin un claro vencedor, que un tema para una exposición unilateral y dogmática.
Lo que desde luego sobra son creadores de contenidos que únicamente se dediquen a intoxicar a su audiencia con sus propios prejuicios. Lo que sobra es mediocridad. Y cuando la mediocridad se premia, todos estamos tentados a coger la vía fácil. Y lo grave no es tomarla como fruto de la inexperiencia, sino hacerlo de manera premeditada y reincidente.
Ya que la calidad de nuestros contenidos depende tanto de criterios objetivos como subjetivos, debemos velar al menos por que su ética, la cual sí depende completamente de nosotros, sea lo menos dudosa posible. Hacerlo de corazón, en lugar de llenarnos la boca de un ejemplo con el que no predicamos.
Y si no enlazo en esta entrada el contenido que ha provocado esta reflexión (aunque se puede encuadrar en un marco más amplio, que nunca general), no es por tirar la piedra y esconder la mano, sino porque no quiero publicitar y redirigir a mis (pocos o muchos) lectores a un contenido que considero absolutamente nocivo, incluso a modo de ejemplo.
Dicho esto, cierro este pequeño paréntesis, anunciando que entre hoy y el unes caerá el capítulo 4 de "La cura" (cerrando flecos). ¡Saludos a tod@s!
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